Si ya estás leyendo esto y no te espantaste con el título, ¡felicidades! El otro 90% de la gente, está cómoda con su nivel de gasto y huye a la responsabilidad del ahorro, porque los gastos diarios implican un ritmo de vida y nos dan un estatus o placer individual hedónico.

La práctica del desapego suele ser muy difícil, ¿cuántos de nosotros acumulamos cosas que no usamos y le damos una carga “sentimental” para no deshacernos de ese objeto? Lo mismo pasa con nuestro estatus, nos acostumbramos a gastar en cosas que no necesitamos para impresionar a quienes no les importamos, ¿por qué hacemos esto?

Somos seres sociales y convivimos en constante competencia, en búsqueda de reconocimiento, es natural, es casi instintivo. Es por eso que el ahorro se vuelve casi imposible, al tratar de sostener un nivel de vida encaminado a la aceptación de los demás, cuando el indicador es: mientras más tienes, más vales; y ¿qué es más fácil, aparentar o tener? Tener $2,000 ahorrados no se ven, pero unos zapatos de $2,000, sí.

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Lo mismo pasa con aquellos “gustitos”; le damos tanta carga emocional a aquellos momentos o adquisiciones materiales en nuestro día a día, que con el paso del tiempo, comienzan a parecer indispensables en nuestra vida. De pronto decir “Para esto trabajo, ¿qué tal que me muero mañana?”, es tan normal, que inconscientemente solo estamos desplazando esa responsabilidad, esa vocecita que nos recuerda la importancia de ahorrar y no mal gastar dinero, naturalmente la ignoramos.

Quizá esa sea la respuesta a ¿por qué gastamos tanto?

El camino hacia gastar menos suele estar lleno de retrocesos, retos y fracasos constantes, sin embargo, es un precio más que justo a pagar. Las personas ricas tuvieron que anteponer sus sueños a sus emociones. Priorizaron su salud financiera y la de su familia ante aquella “necesidad” de aparentar u obtener la felicidad en un objeto, aprenden a no gastar dinero cuando es evitable.

Se requiere de fortaleza, convicción, disciplina y compromiso contigo mismo para lograr cualquier cosa que te propongas, gastar menos dinero y ahorrar solo es el primer paso de la libertad financiera, es abrir esa puerta que nos va a llevar a relacionarnos con las personas adecuadas, con nuestra misma hambre y con una ideología ganadora. Esas personas sólo sumarán a nuestra causa, y ese camino que al principio se tornó de subida y rocoso, de pronto comienza a tomar forma y se vuelve un hábito hacer lo necesario por nuestros sueños. Comienzas a ver el valor de apartar una pequeña parte de tu dinero (que antes te gastabas) en construir escalones y rampas en tu camino al éxito financiero y personal, si logras entender que la felicidad está dentro de ti y no en los objetos que adquieres ese camino se tornará cada vez más plano y eventualmente de bajada.

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¿Has llenado alguna alcancía?

Si la respuesta fue sí, seguramente la rompiste.

Nuestra educación financiera ha malversado la palabra “ahorrar”, pensamos que ahorrar significa acumular para después gastar. ¿A cuántos de nosotros no nos hacía ilusión romper esa alcancía e ir directo a la tienda de juguetes?

Lamento ser la persona que rompa esa ilusión, pero si lo hacemos solo estamos repitiendo las conductas que mencionamos al principio.

Entonces, ¿para qué deberíamos de ahorrar?

Lo primero que nos debe de importar es nuestra persona, no podemos inspirar ni ayudar a más personas si no estamos bien nosotros primero.

  1. Ahorrar para un fondo de emergencia. Acumular el equivalente entre 3 y 6 meses de nuestros gastos fijos. Esto nos va a permitir hacer frente a cualquier eventualidad durante este lapso de tiempo, como la pérdida del empleo o un accidente.

Ejemplo: Si vivir me cuesta $5,000 mensuales, debo de ahorrar $15,000

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  1. Ahorrar para pagar deudas. Nos han enseñado a conseguir las cosas antes de merecerlas, no esperar para obtenerlas y pagar más por esas cosas. Las deudas elevan nuestros gastos y generalmente se tratan de cosas que no necesitamos.

Quitar el hábito de adquirir deudas de nuestras vidas nos va a permitir tener más margen de maniobra y, por ende, de ahorro.

  1. Ahorrar para invertir. Si ya lograste gastar menos, ponerte en una posición segura y liquidaste tus deudas, seguramente a fin de año te sobra una buena suma de dinero y hayas pasado de pensar “no tengo dinero” a “¿qué hago con mi dinero?”.

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La misión de ese dinero es ¡conseguir más dinero! Imagina que son soldados de oro y los mandas a reclutar más soldados, debemos hacer que el dinero trabaje para nosotros, y la única manera es adquiriendo activos productivos como negocios, bienes inmuebles, rentas fijas, etc.

  1. Ahorrar para obligaciones o compromisos futuros. Es muy importante no dejar fuera el ahorro para algún proyecto importante que tengas y que vaya a requerir dinero (más vale irlo acumulando), o para la educación de tus hijos y claro, para tu retiro. Aunque lo veas muy lejos, es indispensable ir acumulando desde hoy, para que no te agarre en curva ninguno de estos compromisos y para que el dinero no vaya a convertirse en una excusa de no cumplir con alguna obligación o compromiso futuro.

Conseguir tu libertad financiera está más cerca de lo que crees; gastar menos es el primer paso. Después, el camino estará lleno de los frutos de aquello.